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Textear: ¿Vicio o conquista?

Textear se ha convertido hoy en un modo de expresión económico, que apela a la trasmisión de informaciones de manera rápida y breve. Con el potente desarrollo de las llamadas TIC (Tecnologías de la Información y las Comunicaciones), el hombre pasó al siglo XXI inmerso en las bondades de los teléfonos inteligentes y de las comunicaciones en redes sociales.

Textear, entonces, también es un neologismo que si aún no figura en las nuevas  entradas que aprueba la Real Academia de la Lengua (RAE), al menos lo será próximamente. El mérito de esta habilidad comunicativa está, precisamente, en el poder de las palabras modificadas para no perder sus significados entre quienes se escriben textos comúnmente entendibles: algo que no asusta si pensamos que el mensaje no pierde su intención comunicativa. Sin embargo, más allá de la supuesta metamorfosis del léxico, impera algo peor: la desintegración paulatina de una lengua que merece respeto, aún cuando los lingüistas sostienen que toda lengua es un organismo vivo, en constante transformación.

La perspectiva contemporánea nos obliga a ser individuos veloces en todos los sentidos, incluso a la hora de escribirnos mensajes o chatear, en cualquier país donde radiquemos. A fin de cuentas, el objetivo es comunicar haciendo uso de la economía de recursos, término tan de moda desde las últimas décadas. Algunos se apresuran para reducir el costo de conexión o de envío, otros simplemente porque se contagian con el hábito ya sólido de recortar, combinar o sustituir palabras de forma divertida, evitando cansar los dedos o cautivados quizás por la inmediatez. Ksa (por casa), q (por que) o TQM (por Te Quiero Mucho) son algunos ejemplos.

Los competidores y las grandes empresas que patrocinan la telefonía móvil y sus plataformas sociales desde hace tiempo incluyeron en los teclados Androides a los emotíconos (íconos para emociones), esas conocidas caritas de tristeza, alegría, amor, desamor, euforia, paz, soledad y muchas más. Aunque la intención fue sustitutiva, algunos defensores del idioma consideran a este aporte como transgresor y limitante del progreso en la construcción textual escrita: por un lado representa toda una construcción icónica con algún sentido capaz de ahorrar secuencias de palabras, pero por otro, le resta a las nuevas generaciones la fluidez y riqueza del vocabulario.

De cualquier modo, la tecnología nos incita: es mediadora del mensaje, es el puente por donde hacen su recorrido los textos más diversos y curiosos. La vulnerabilidad de nuestra lengua se manifiesta solo ante el peligro que representaría perder el significado. La inteligencia es quien asume, entonces, esa capacidad interpretativa de cada quien según su conocimiento de los códigos utilizados. A fin de cuentas, en la comunidad primitiva, el hombre no nacía dominando un lenguaje, sino que lo aprendió de forma gestual, pictórica y más tarde a través de gritos, gemidos y de la palabra articulada, cuya secuencia completa permitió mayor información.          

Por Ernesto M. Sarduy

Foto Internet

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