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¿Pagar el rescate o lograr la salvaguarda?

Si se tuviera que pagar un “rescate” por las tradiciones este sería muy alto, dado el valor histórico e intangible que tienen. ¿Cuánto se podría pagar por rondas infantiles como Arroz con leche, El patio de mi casa o Alánimo? que seguramente llegaron a nuestra Isla cantadas por los hijos de los colonizadores españoles hace más de 500  años. Perder la identidad, los valores, la ética y a veces hasta la vergüenza… eso no tiene precio.

En muchas ocasiones nos causa gracia ver a nuestros infantes bailar una canción (dando cintura) y casi siempre se nos escapa: –Esos chamas están escapaos o en el mejor de los casos, en la edad de la peseta, sin darnos cuenta de que estamos creando pautas que luego, cuando comiencen a crecer serán difíciles de revertir. Por eso apena constatar cómo nuestros niños y niñas adoptan patrones nada propios a su edad: baste ver sus uniformes,  pelados,  ropas, su forma de hablar el ¿español?… pero es que cada día nuestros jóvenes adoran más los modelos y posturas de lo que llega desde fuera o malas imágenes de adentro. Empobrece el espíritu escuchar a adolescentes cuyo vocabulario se reduce a repetir textos vacíos y groseros de canciones al estilo de: … Esa blanca lo que lleva es tranca… La singandinga… manos pa rriva las que quieran un tubazo, o la abrumadora…tú eres fina pero cochina, ya antes los precedieron, aunque en menor medida, chupa chupa pirulí,…o:  la del bombero me está pidiendo fuego.

Sus ídolos son Los Desiguales, Insurrecto, Yacarta y el Chacal. Casi siempre reproducen el comportamiento de los mayores: mientras más importante o hermosa sea la figura que el niño adopte como modelo, con mayor frecuencia la imitará. La infancia y más allá la adolescencia, etapa sumamente compleja, es la época en la que el individuo se aprehende de los valores que le permitirán vivir en sociedad. El juego infantil desarrolla la fantasía y el razonamiento, también cultiva los futuros intereses y sienta los fundamentos de la personalidad.

¿Serán válidas las preocupaciones de aquellos que ya somos mayores, pero que fuimos y tuvimos una infancia feliz y normal?

Por eso no es el rescate de estas tradiciones lo que tendría que interesarnos pagar sino la salvaguarda de ellas ante tanta invasión, nacional y extranjera, de canciones, videos clips o telenovelas, que atentan no solo con que se olviden, sino con que lleguen a desaparecer algún día, aquellas costumbres con las que crecieron generaciones precedentes.

La culpa de que nuestros pequeños  repitan los textos y estribillos del reggaetón de moda, con tan solo cinco o seis años de edad, la tiene la propia difusión de esta mala música para adultos, ya no tanto en los medios de comunicación sino en ómnibus públicos, cafeterías y en cuanto entorno se nos presente. ¿Por qué? Bueno, porque los guardianes de estos tesoros, como los programas y acciones culturales infantiles con los que creció mi generación –entiéndase-: Arcoiris musical, los Festivales Cantándole al Sol, o aquel programa radial de educación musical de la maestra Cuca Rivero que se transmitía diariamente, para apoyar el trabajo en los centros escolares, permitieron que alguien los robara y se olvidaran de ellos, dejando la fisura, tan estrecha y a veces invisible, para que nuestros instructores de arte hoy, en las escuelas, también se equivoquen alguna vez preparando a los niños para eventos y espacios socioculturales y educacionales con canciones de y para adultos.

Como antes dije me da mucha pena todo esto, pero siento más pena de esos directivos de cultura, de esos jefes de las administraciones municipales que defienden a capa y espada que en nuestras fiestas populares o jornadas de programación vengan esos personajes, que tanto daño hacen a nuestra cultura, bajo la justificación de que eso es lo que le gusta al pueblo.

Por suerte este panorama podría ir tomando otro matiz. Las guerrillas de la Brigada José Martí en nuestras comunidades, la actual dosificación temática en la radiodifusión, pero, más que nada, el trabajo desde el hogar, pueden contribuir a educar a nuestros niños y adolescentes. Nosley, mi vecinito de apenas dos años canta a desgañitarse Pin pón es un muñeco… y El payaso /Trompoloco /en el circo… su padre es Dj y ha sabido guiar lo que, para su edad, su hijo debe escuchar y ver sin quemar etapas. Nosley con sus pocos años, ya pregona que va a estudiar Ingeniería Mecánica. Seguramente lo podremos encontrar muy pronto en un festival pioneril cantando en reggaetón o guaracha Chivirico rico o Vinagrito. No hay que hacerle la guerra a un género, sino al mal gusto, uso y abuso de los malos ejemplos de estos géneros musicales que han ganado terreno en la programación y en los espacios culturales infantiles.

Ser un incansable guardián de los valores – estéticos y morales- de nuestros pequeños y jóvenes desde el hogar, la escuela o simplemente desde ese espacio público que consideramos como propio, llámese: cafeterías, paladares, tiendas, bicitaxis, para que los podamos ver empinar un papalote, bailar un trompo o la suiza y no llenarse los pulmones de humo, la sangre de alcohol, o siendo padres cuando aún no han dejado de ser adolescentes.

Velemos para que en el futuro no tengamos que seguir pagando un alto precio por el rescate del patrimonio moral y social de este país, que hace hasta lo imposible por ser el más culto del mundo.

Por Tony Pita

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