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El benefactor de Güines

El güinero Francisco Calcagno, hijo de un médico italiano, después de graduarse de Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana,  de recorrer Estados Unidos, Francia e Inglaterra, y de conocer varios idiomas, regresó a Güines donde creó la primera imprenta, la primera biblioteca, la primera academia de idiomas y el primer periódico(El álbum güinero)en 1862.

Las guerras de independencia lo hicieron emigrar a España, donde murió en 1903. Publicó una interesante colección de poetas negros, donde se incluyó a sí mismo con el seudónimo de Moreno esclavo Narciso Blanco.

En cuanto a seudónimos, utilizó varios muy originales, por ejemplo: Un Desocupado, Claude La Marche, Ignoto y un super-enrevesado nombre de 19 letras, principalmente consonantes, casi imposible de pronunciar.

Calcagno dejó una vasta obra literaria, además de su  inigualable Diccionario biográfico cubano, de gran vigencia aún. Sus novelas Historia de un muerto y noticias del otro mundo, Romualdo, uno de tantos y La hija del presidiario gozaron de popularidad en su época.

También dedicó un libro a su terruño natal Notas cronológicas de Güines y su jurisdicción, así como a importantes personalidades de época, como los Apuntes bibliográficos del ilustre sabio cubano D Tranquilino Sandalio de Noda.

Francisco Calcagno dio títulos curiosos a sus obras, por ejemplo, llamó S.I. a una noveleta donde narra en buena prosa el argumento de Espejo de paciencia (primer poema del que se tiene noticia en Cuba, compuesto en 1608 por Silvestre de Balboa). S.I. significa Su ilustrísima.

 En 1893, el crítico y patriota Manuel de la Cruz publicó Cromitos Cubanos, serie de 20 semblanzas sobre cubanos destacados del siglo XIX, entre ellas la del ilustre benefactor de Güines Francisco Calcagno.

El retrato que nos legó, resulta polémico y curioso.

“Es, con Azcárate y Cabrera, el blasón vivo de Güines, verdadera metrópoli del continente negro. Su fisonomía, de una seriedad imponente y airada, tiene no sé qué de sacerdotal, es el semblante torvo y duro de un augur antiguo que se prepara a predecir la consumación de una catástrofe. La cara de Calcagno, sin embargo, es una máscara de cartón respecto de su alma. Manso, afable, sencillo, su ideal es una paz de oro, un delirio de patriotismo generoso, la isla de Cuba por sus instituciones transformada en la Helvecia del Nuevo Mundo, por la cultura de sus hijos, en la Grecia pedagógica del mundo moderno.

“Como Julio Rosas, Calcagno es un filántropo cubano. Abolicionista individual, sincero y consecuente, ha ganado equívoca reputación: fue un filántropo medroso y calculista, no un verdadero abolicionista. En 1883 preveía, por culpa de la abolición, domiciliar en cada ingenio, en cada vega, un sacerdote y un maestro de escuela, y declarar ciudadanos, con mucha cautela, a los más aventajados en religión y letras”.   

Por Omar F. Mauri

 

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