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Curiosidades literarias I

I

A Catalina Rodríguez de Morales (Pipián, Madruga, 26 de marzo de 1835-Villaclara, 11 de noviembre de 1894). El liceo de la ciudad de Matanzas le otorgó, en sus Juegos Florales de 1865,  el primer premio a su oda “Al trabajo”. Según  Domiltila García de Coronado en su Álbum fotográfico de escritores cubanos (1868), con este reconocimiento Catalina se convirtió en la primera  cubana galardonada en un concurso literario.

 

II

 

Dominga Pérez Llanes, Mina, (Santa Cruz del Norte, 12 de mayo de 1909-30 de octubre de 1984). Poetisa y artista de la plástica autodidacta. Minusválida. Su vida estuvo marcada por la malformación congénita que la invalidó de sus cuatro extremidades. Su fuerza de voluntad le permitió aprender por sus propios medios a aprovechar al máximo los músculos del cuello –únicos de que podía disponer–, así como los dientes, en sustitución de las manos. Escribía, pintaba, cosía y hacía esculturas con la boca. Fue, además, periodista y una incansable promotora cultural.

 

III

 

Varios han sido los autores cubanos que por una u otra razón han firmado sus obras con nombres femeninos: Ricardo Lancis, aficionado a la poesía que en 1855 escribió en  Brisas de Cuba y cultivó el género popular de las décimas cubanas, lo hacía bajo el pseudónimo Luisa de Ariguanabo; el afamado Félix B. Caignet utilizó varios pero entre todos el más curioso es Doña Tomasa, empleado por él en sección de cocina de una publicación de Santiago de Cuba en las décadas de 1920 ó 1930. También llama la atención que otro grande, Alejo Carpentier, en la sección social  “Cosas de París” entre 1924 y 1927 publicó bajo la firma de Jacqueline.

 

IV

 

Muchos han sido los ciegos famosos con que las letras han contado: el griego Homero, el inglés John Milton, el francés Pirón, el celebérrimo coplero madrileño Perico “el ciego” o el andaluz “ciego de Cabra”; pero la nota curiosa la aporta, sin duda alguna, la famosa “ciega de Manzanares” –antecedente hispano de nuestra gran Tomasita Quiala–  cuya facilidad para improvisar en la Edad Media fue maravilla de propios y extraños.

 

V

 

En la revista Cúspide, que vio la luz en Melena del Sur y circuló durante los años 1937 – 1939, y en la que colaboraron buena  parte  de los intelectuales cubanos más notables de la época encontré, bajo la firma de Luis de Saltillo, el siguiente soneto epigramático:

 

“A un amigo”

                   

               (Soneto cordial)

 

Tu lengua  en un cincel se ha convertido

y de mi vida en el broncíneo bloque,

has dado un vil y cotidiano toque

y una diaria calumnia has esculpido.

 

Extrañado, al principio, y sorprendido

la injuria contesté con un “Tu Quo que…?”

mas, luego, en tu miseria hundí el estoque

de mi desprecio, y te dejé tendido.

 

Erraste una vez más, querido amigo,

en tu inútil empeño de echar lodo

sobre el prestigio de mi puro nombre,

 

pues –tú y yo lo sabemos– soy testigo

de tu gran afición a errar en todo…

¡hasta en nacer, pues que naciste hombre…!

Por Juan C. García Guridi

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