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En torno al Alzamiento del 5 de septiembre (1ra Parte)

El 5 de septiembre de 1957 ocurrió lo que ha pasado a nuestra historia con el nombre de levantamiento de Cienfuegos. El Movimiento 26 de Julio había establecido contactos con un grupo de aviadores de la Fuerza Aérea, algunos oficiales, sargentos y soldados del Ejército, también con miembros de la Radiomotorizada de la Policía y de la Marina.

De esos encuentros surgió un plan de alzamiento contra la tiranía que, a grandes rasgos, contemplaba la salida de una nave de guerra del puerto habanero para cañonear el Palacio Presidencial y el Estado Mayor de la Marina para situarse después de estas acciones frente a Columbia. Tras ellos, los oficiales revolucionarios producirían una sublevación en las unidades navales, mientras que los aviones encargados del ataque a ésta, amenazarían Columbia y exigirían el derrocamiento del Gobierno.

Simultáneamente, las milicias del Movimiento 26 de Julio tomarían las estaciones de Policía de La Habana y se producirían alzamientos en Cienfuegos y Santiago de Cuba, respectivamente. Por diversas razones, este plan de alzamiento fue suspendido a última hora y el aviso no llegó a tiempo a los complotados de Cienfuegos, ni a los pilotos ni a la Dirección Nacional de Movimiento.

Este trabajo hace un relato sobre quien partiendo de la ciudad de La Habana por la Carretera Central hacia oriente cruzará, al cabo de recorrer casi unos 30 kilómetros, entre dos lomas que guardan el valle de San José de las Lajas donde se explotan canteras de una magnífica piedra.

Inmediatamente llegará a un establecimiento en el pequeño pueblo de Jamaica. Allí se citaron, a las 2 de la tarde, del día 4 de agosto de 1957, dirigentes del Movimiento 26 de Julio y representantes de los complotados de las Fuerzas Armadas para acordar la fecha de un planeado levantamiento que derrocara la tiranía de Batista.

Según iban llegando los conspiradores, debía hacer el contacto. Contraseña: “¿Me da un cigarro? Yo fumo con filtro… yo fumo Partagás”.

Verificada ésta, los llevaban a una casa casi contigua al café. Era una residencia moderna de una sola planta. Por entonces propiedad de Pepín Cruz, hijo mayor de Pepe Cruz, el dueño del café y la fábrica de panqués. Hoy marcada con el número 14412 donde radica una escuela primaria.

Ocho hombres cuidaban la reunión; nada podía quedar al azar. Allí estaban, entre otros: Faustino Pérez y René Rodríguez Cruz, expedicionarios del Granma y de lo jefes de la clandestinidad; René Ramos Latour –Comandante Daniel—quien sustituyó a Frank País después de su asesinato el 30 de julio; Enrique Hart, del M-26-7 en La Habana; Jorge Valdés Miranda, como enlace con los militares; los ex tenientes del Ejército, Eduardo Sotolongo, Rodríguez de la Torre y Trujillo; el teniente Pérez Díaz, hermano del jefe del regimiento blindado más importante en Columbia; el teniente de la aviación Álvaro Prendes y los ex alférez de la Marina, Orlando Fernández Saborit y Dionisio San Román.

Se reunieron para informar y repasar los planes con el fin de tomar una decisión final para el alzamiento, que debería ser lo antes posible. Así, cada uno de los representantes de los diferentes sectores rindió un informe sobre lo logrado y sobre los medios con que contaba hasta el momento.

De esta manera se fue definiendo mejor el cuadro de las fuerzas y el plan. En la Marina había aumentado la cantidad de oficiales sumados al movimiento y tenían ahora gente en diferentes unidades de superficie. Se había logrado nuclear un buen número de clases y soldados en la Fortaleza de la Cabaña, donde entre otras unidades, se encontraba acantonado un batallón de blindados ligero con tanques M-43.

En la Policía, principalmente en la Radiomotorizada, había hombres comprometidos. En la Aviación se había captado un importante grupo de jóvenes pilotos de guerra del Escuadrón de Persecución y Combate, que volaban los F-47 Thunderbolt y constituían lo tropa de choque de Batista. Mientras que con otros grupos de aviones menos importantes, se había llegado al acuerdo de que permanecerían neutrales en los primeros momentos de la acción, pero que si los acontecimientos marchaban bien, se incorporarían de lleno.

El Movimiento 26 de Julio tenía gente dispuesta en los principales ministerios, y por supuesto, se contaba con el aparato completo de “acción y sabotaje” y las Milicias con todos los recursos que se poseían en armas, autos, apartamentos, etcétera. Un avión traería armas del extranjero para la acción, a finales de agosto.

Además, el M-26-7 en la Sierra y en la clandestinidad, dirigido por Fidel, con su enorme apoyo popular, sería la garantía del triunfo.

Por Daniel Martínez Quintanal

Foto: Cortesía del Autor

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