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En torno al Alzamiento del 5 de septiembre (2da Parte)

Se designó al grupo del M-26-7 de Jamaica para recepcionar el avión con las armas, el cual (un AT-11) aterrizó en un terraplén en la Vía Monumental, en construcción. Llegó el 18 de agosto piloteado por el ex teniente Michell Yabor, de la Organización Auténtica. Le acompañaba Daniel Vázquez, conocido por  Negrín o el ñato. Trajeron 30 carabinas italianas, 20 mil tiros, una ametralladora calibre 30,06, seis cintas de bala para ella y cinco escopetas recortadas, calibre 12.

El grupo estaba dirigido por Armando Cubría Ramos, entonces jefe de Acción y Sabotaje en la provincia La Habana, el que respondía a Aldo Vera, que a su vez lo hacía a Faustino Pérez, expedicionario del Granma y máximo jefe del plan.

Se auxilió de dos automóviles conducidos por Pepe Mesa, jefe del M-26-7 en el Cotorro, y Diego Febles, conductor de autos de carrera, vecino de Cuatro Caminos. La operación fue protegida por un pisicorre conducido por Luis Cruz, con una ametralladora calibre 30,06 instalada en su parte posterior, que llevaba como tirador a Lázaro Jorge y de ayudante a Celestino Allen.

Tuvieron que ir en tres ocasiones al tramo señalado de La Monumental, pues no le era fácil al avión salir desde Miami. Escondían los automóviles, mientras el pisicorre patrullaba un tramo de la carretera con la ametralladora cubierta con una lona. Como antes hubo dos intentos, hay versiones de que también participaron Arcenio Franco y Enrique Hart; que en el avión vinieron Raúl Díaz Arguelles y Rafael Pucho Morales, del Directorio Revolucionario; pero los testimonios de Allen y Jorge lo niegan.

Tal vez vinieron en los dos intentos anteriores en que el avión no pudo aterrizar, al parecer porque el piloto no se percató de las señales que le hacía desde tierra. Al tercer día hicieron dos líneas con fuego al borde del terraplén.

Cuando por fin llegó el avión, dio unas vueltas y aterrizó, seguido por el pisicorre, pero por poco se vira al coger un bache, el cual le provocó la rotura de una rueda. El pisicorre de protección siguió más adelante para regresar después, mientras los autos salieron de su escondite para apresurarse en la recogida del armamento.

Como el avión no podía despegar por la rueda averiada, decidieron rociarle gasolina y prenderle fuego, pero no sucedió como en las películas en que la nave explota. Sólo se chamuscó un poco porque la gasolina fue insuficiente y se evaporó, mientras la comitiva regresaba a la casa de Jamaica con las armas y los dos conductores del avión.

Las armas y las balas fueron escondidas debajo de unas pajas de maíz, en una pequeña valla dedicada a entrenar gallos de pelea que había detrás de la casa. Allí también se escondieron los luchadores clandestinos lajeros Lázaro Jorge, Celestino Allen, Ismael Piloto y Miguel Camacho, con dos compañeros que habían asaltado el polvorín del Mariel, llamados René y Nilo, al que le decían El Gorila, por lo grande y fuerte que era. Cada uno portaba pistola o revólver, además de poseer otras armas, tales como dos fusiles Springfield, capturados en el Mariel y un rifle marca U, automático. Abrieron una de las cajas recibidas con las armas para limpiar y probar los fusiles italianos.

Para la seguridad del grupo apostaron una de las ametralladoras cubriendo la entrada oeste de la parte trasera del Café de Jamaica, donde está la fábrica de panqués, porque allí había mucho movimiento y mantuvieron dos combatientes de guardia.

Evidentemente que el hallazgo del avión abandonado puso sobre la pista a los servicios de inteligencia de la dictadura y cuando Michell y Daniel trataron de regresar a los Estados Unidos, fueron detenidos y se dijo que este último habló. Lo cierto es que él y su mujer Marisol Álvarez,  residentes en Miami, eran confidentes de Orlando Piedra, jefe del Buró de Investigaciones de la tiranía.

Los esbirros irrumpieron por la madrugada en la casa de Jamaica y uno de ellos empujó a la esposa del propietario, por lo que éste le ripostó con un piñazo. Entonces los otros le cayeron encima y la mujer gritó…

El grito fue escuchado por los combatientes que estaban de guardia y éstos alertaron a los otros. Después escucharon tirones de puertas de vehículos y chirridos de gomas en el pavimento. Al instante llegó hasta ellos Luis Cruz y les dijo que el Buró se había llevado a Pepín. Lázaro le propuso llevarse las armas en el pisicorre, pero Luis dijo que era una locura porque debían estar rodeados.

Como era inminente un registro y las armas no se podían quedar allí, decidieron trasladarlas por el fondo del lugar hacia una finca colindante, atravesando un terreno arado y anegado en agua, pues a las ocho de la noche había caído un buen aguacero. El fango les llegaba a media pierna y cuando toparon con una cerca de piedra, Celestino decidió buscar un carrito de caballo en la casa de Lucilo Pérez y en el mismo trasladaron las armas hasta detrás de la cantera de Somorrostro, en la Finca Las Piedras del campesino Ramón Pérez y las escondieron en una depresión grande que volvieron a cubrir con bejucos.

Lázaro se quedó con un fusil Winchester de proyectiles 30,06 con mira telescópica y unas cananas llenas de balas, que habían confeccionado las Mujeres Martianas de San José de las Lajas. Celestino le imitó, pero los combatientes del Mariel no quisieron armarse porque las armas los delatarían.

Lázaro y Celestino les plantearon que abrirían fuego sí se encontraban con los guardias y aunque estuvieran desarmados los iban a matar igual. Todos se escondieron detrás de las lomas. A los dos días los del Mariel decidieron irse, para lo cual recogieron varas de pescar de la orilla de una laguna y haciéndose pasar por pescadores abordaron un ómnibus en la Carretera Central.

Los sicarios de la dictadura habían regresado por la mañana a la casa de Jamaica y esta vez registraron la pequeña valla de gallos; siguiendo las huellas en el fango llegaron a la casa de Lucilo, a quien dieron una trompada para seguir luego las marcas del carrito de caballo hasta llegar al lugar donde estaban las armas.

Un vecino del lugar dio a conocer a Lázaro y a Celestino de lo sucedido y el primero decidió ir a la ciudad de La Habana para ver a su jefe Armando Cubría… Ya era el 4 de septiembre, por lo que regresaron a Jamaica para sumar a otros combatientes. En unas casitas junto a la Carretera Central, cerca de la cantera, recogieron a Celestino Allen, a Ismael Piloto y a Miguel Camacho que se escondían allí.

Todos fueron para Guanabacoa, se unieron con Armando Cubilla y Arsenio Franco; siguieron para la Víbora, de donde saldrían para atacar la Radio Motorizada, pero en el lugar estaban asignados otros compañeros y les ordenaron volver a Guanabacoa y esperar, entre las cinco y las siete de la mañana ya del día 5, a un grupo de San José de las Lajas que debía contactarlos en el cementerio, pero como a las siete no habían llegado se acuartelaron en el Edificio Quintana, cercano al cementerio. En el momento en que iban a salir pasó un compañero, rumbo a Guanabacoa, avisando que se suspendía la acción.

Por Daniel Martínez Quintanal

Foto Cortesía del autor

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