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Yo solo quería un pepino…

En su clásico El juego de abalorios, el gran Herman Hesse diseñó una ciudad ideal, que aislaba a los hombres del mundo exterior, pretendiendo alcanzar la perfección y la realización  personal en una especie de urna de cristal  habitada por hombres que tenían grandes talentos para dar, y negando al mundo exterior, lleno de gentes que no poseían nada que ofrecer.

Castalia, la utópica ciudad, tenía cuanto necesitaban esos hombres elegidos para dedicarse a filosofar  y producir arte, sin pensar en el mundo que se desarrollaba allá afuera, en medio de los avatares de un devenir marcado por los nazis.

En Güines parece que se juega a Castalia y su leyenda de exclusión contra quienes viven honorablemente de un salario, mientras un reducido grupo de especuladores, revendedores  y cuentapropistas acaparan todos los recursos de Castalia, de esa Castalia suya…

Estoy hablando del Complejo Gastronómico El Plaza,  conocido popularmente como la cremería, allí muchos personajes conocidos en el mundo de las cafeterías y paladares privadas tienen el control absoluto del pollo , las tinas de helado, los refrescos en pepinos plásticos, las cajas de cervezas enlatadas, y es común ver un despliegue de bici taxis, carretones, coches,  todos cargando al por mayor esta mercancía que el estadositúa para todos,  mientras algunos como yo vemos como nuestros sueños son allanados  por el acaparamiento y la ambición desmedida de los castalos. En mi caso, yo solo quería un pepino de cola. Pero me pregunté si era correcto lo que estaba mirando, y al comentarlo con una de las dependientes, ni corta ni perezosa me miró encogiéndose de hombros,  regalándome una sonrisa cómplice, de laque pude leer entre líneas:

 -Me importa un pepino…

La castalo-cremería es hoy la utópica ciudad  de donde salen los insumos de muchas paladares de la villa, los que no suple un inexistente mercado mayorista el cual piden a gritos, y se perfeccionandía a día en sus exquisitas ofertas, pero o a fuerza de la práctica y la estética  formadora hessiana del juego de las cuentas de cristal lleno de pureza y valores, sino tal vez a guisa de dejar algunas propinas al dependiente y transportista privado, que avisan puntalmente la llegada del pollo , la cerveza, el queso y los refrescos…

 Los que como tú y yo esperamos cada cobro para ir allí en busca de un par de libras de muslos congelados , media  de queso o algún pepino de cola, somos el mundo exterior de este dilema, y no interesamos al parecer a los diseñadores de esta moderna Castalia.

En la narración de Hesse, el protagonista renuncia a todas las prebendas que le da Castalia, cuando descubre que la felicidad no consistía en anular el mundo exterior, ni obviar los de afuera que carecían de recursos y posibilidades para diezmar a las arcas de Castalia, sino en mezclarse con ellos, vivir con ellos, lo cual interpretó como un despertar y una ruptura con el orden que imponía la Alemania nazi.

Debemos y podemos hacer mucho para romper lo que parece una güinero-castalo-manía de ignorar al que vive de un salario. Cierto es que se trata de mercancía liberada, pero nada nos cuesta dentro de esa libertad para adquirirla, limitar todo exceso, pues ningún hogar consume veinte pepinos de refrescos  ni trescientos kilogramos de pollo…y la administración de ese comercio debe y puede tomar cartas en el asunto, sin llegar a lacerar profundamente el derecho de compra liberada.

Espero que la respuesta no sea un encogimiento de hombros, aderezado con una sonrisa cómplice.

Por José Luis Riverón Rodríguez

Una respuesta a Yo solo quería un pepino…

  • Lo jodido es que así era hace dos años y así será en el futuro. solo tienes que ver como nunca hay cerveza o refrescos en los sitios estatales que legalmente la ofrecen alrededor del parque, mientrás que justo entre la cremería y el baño público florecen negocios de venta de cervezas a 35 pesos sin que nadie, ni policia, ni fiscalia, ni gobierno, ni inspectores, ni nadie con “autoridad” se de cuenta de eso ni mucho menos intervenga en eso, a pesar de que el tumulto de gente tomando y motores y carros parquados allí no pueden pasar por alto a nadie… Güines es y será una vergüenza siempre, porque quienes nos dirigen no tienen sentido de pertenencia, no se consideran responsables o sencillamente viven de eso. Muy distinto o mejor dicho, totalmente distinto es lo que uno ve en Cuba cuando sale de mayabeque a cualquier otra provincia del país.

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