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Lo que deseamos para nuestros hijos

Es habitual para un actor, músico o bailarín recibir aplausos por su trabajo y sentirse estimulados a brindar mejores interpretaciones; también los médicos y personal de la salud, recibir el agradecimiento de los pacientes y familiares, los impulsa a  profundizar más en sus conocimientos e investigaciones… En nuestro caso, recibir correos de los lectores elogiando nuestro trabajo y felicitándonos por la manera en que exponemos nuestros comentarios, es también un gran estímulo.

Hemos recibido numerosos correos favorables sobre el trabajo publicado en días pasados, titulado No robemos su inocencia y queremos hacer público nuestro agradecimiento a esos lectores que firman sus correos como Xiomara, Orestes, Nelsi y Leidys,así como expresar que ello nos compromete a cada día profundizar más en nuestra labor, es por eso que ampliaremos un poco más sobre el tema tratado.

Más allá de como mencionamos, reír las “gracias” hoy, que mañana veremos como faltas de respeto o conductas impropias, hay otro aspecto reprochable en la educación de nuestros hijos y son la sobreprotección y la sobrevaloración.

Nada hacemos con tratar de tener a los pequeños en una urna de cristal: No cojas sol, ven a jugar a la sombra; no corras ni juegues a los agarrados que te puedes dar un golpe; ya te caíste una vez, mejor no montes bicicleta que las rodillas raspadas son muy feas y luego te duelen; tú eres muy inteligente para estar en esos retozos, mejor dedícate al playsatation; una niñita tan linda como tú no puede ensuciarse, siempre debes estar con tu batica limpiecita…

¿Alguien conoce una manera de aprender a montar bicicleta sin caerse? Un niño sin rasponazos en codos y rodillas alguna que otra vez, ¡no es un niño, sino un robot! Que un pequeño sea muy inteligente, no tiene por qué excluirlo de ejercitarse físicamente, todo lo contrario, está probado que mente sana en cuerpo sano, es lo ideal, pues el ejercicio físico complementa al mental y viceversa.

¿Qué será de ese niño cuando arribe a la edad militar? ¿Cuándo la vida obligue a sacarlo de la preciosa urna de cristal que lo protege? Entonces nuestra sobreprotección lejos de ayudarlo, le traerá numerosas dificultades, complejos y depresiones; no podemos dejar que llegue ese momento, pues seremos entonces los máximos responsables de sus desgracias.

Nunca olvidaré la expresión de un experimentado médico, frecuentemente solicitado a atender a una vecinita, quién parecía más una muñequita de biscuí que una niña, a menudo enferma, hasta que el doctor en una ocasión expresó: ¡Que ganas tengo de venir alguna vez y encontrar a ésta linda criatura sin tantos trapos, en el patio y jugando con tierra! La reacción de los familiares fue de asombro y desconcierto, al punto de querer cambiar de médico, negándose a entender que la pequeña lo que más necesitaba eran anticuerpos.

Por favor, mamá, papá, abuelos y toda la familia, tengamos muy en cuenta que proteger no quiere decir sobreproteger y que valorar las cualidades de un niño o niña, nunca deberá ser sobrevalorarlos, porque lejos de ayudarlos les estaremos haciendo daño y, estoy seguro, eso está muy lejos de lo que deseamos para nuestros hijos.

Por Julio P Coto

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