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Tata y su familia güinera

Tata

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Cuando suenan los tambores y comienza la rumba en el barrio de Leguina, primigenio en la Villa de San Julián de los Güines, enseguida nos viene a la mente el repiquetear de los cueros  de quien fue, sin lugar a dudas, uno de los más grandes percusionistas cubanos de todos los tiempos, Federico Arístides Soto Alejo El Rey de las Tumbadoras, cuyo sobrenombre adoptó por Tata Güines, y por mérito se le atribuye el de haber creado un estilo y ritmo propio que llevó desde La Tropical hasta los salones del Waldorf Astoria o el Palladium de Nueva York,  marcando un antes y un después en el pentagrama de la música cubana.  En ese barrio folclórico, donde existió un Cabildo lucumí, iniciador de la legendaria tradición a la Santa Bárbara, allá por el año 1860, donde surgió una comunidad arraigada a las tradiciones afrodescendientes y el pan se picaba a tres trozos,  el humo de los fogones hacía figuras en el aire y las ciudadelas decoraban el entorno del lugar, nació Arístides Soto un 30 de junio de 1930.  Comenzó a dar sus primeros pasos y  su legado quedó en ese sitio.

Su trayectoria musical fue extensa y exitosa, sus mágicas e insustituibles manos lo  llevaron a  escalar peldaños tan altos, como el recorrido de su mente cuando tocaba se traspolaba a sus antaños y emitía de sus tumbadoras toda una gama de sonidos que solo él podía lograr. Tata, además de tener un talento sobrenatural, tuvo la dicha de contar con una gran familia que lo quería y se enorgullecía de saber que aquel negrito pobre, limpiabotas y vendedor de revistas y periódicos se había convertido en un virtuoso de la música. Numerosos  testimonios aportaron familiares del Tata, llenos de recuerdos y amor.

 Mi familia es numerosa, comenta Regla  (Yeya) la  hermana menor de Tata. Una guagua no nos alcanza,  imagínate con los que no viven aquí.  Nuestros padres se llamaban José Alejo Vasallo (Joseíto) tresero y trabajador agrícola y María de los Ángeles San Miguel (Niña). Vivíamos en pésimas condiciones de pobreza. De esta unión y en un pequeño cuartico de la antigua calle Delicia, hoy Santa Bárbara, nacieron seis hijos,  Arterio, Sergio, Florinda, Luisa,  Federico que era el mayor y yo. Otros dos anteriores tuvo mi madre, María Luisa y Armando. Tata, no se quedó atrás, era padre  de cinco hijos con tres matrimonios diferentes: Sonia, Teresa, Arturo, Niurka y Juan Carlos. Esta primera generación también la integraban tíos y primos. Después se sumaron nietos y sobrinos. Yo recuerdo, según historias contadas por las generaciones anteriores  que siendo él muy chico, mi mamá se ponía a lavar en la batea y él sentado a su lado, tocaba en unas laticas de metal por largo rato. En aquella época,década del ꞌ30 y 40,  era usual emplear almidón en la ropa, mi madre se lo echaba a Tata en las manos y le decía que esto endurecía las uñas. Parece que dio resultado, unido a ese talento innato que nació con él, pero también creo que es generacional, sobre todo por .los  Alejo. Nuestro padre tocaba el Tres en un grupito de aficionados que se llamaba Ritmo de la Terminal, Ángel, Olegario, Sergio y Arturo (tíos) eran percusionistas. Estos dos últimos tocaban frecuentemente con mi hermano en las esquinas del barrio. Tata nunca estudió en Academia, era empírico al igual que todos los músicos de la familia. Desde los ocho años incursionaba en varios instrumentos de percusión  pero  el primero fue uno de cuerda, el contrabajo. A los 12 comenzó con la tumbadora. Tocó en el Sexteto Partagás y en el  septeto de sones Ases del Ritmo de nuestro tío Dionisio Martínez esposo de mi tía Luisa, donde tocó con bongoes de verdad.

   A mi hermano le gustaba escuchar la radio y su ídolo era el maestro Luciano Pozo (Chano), continúa Yeya. Imagínese, un día vino con su agrupación al cine Ayala, hoy Mayabeque y Tata como era tan pequeño, solo no podía entrar, se coló y subió al escenario, se le acercó al maestro pidiéndole que lo dejara tocar. Él lo dejó y lo hizo tan bien que Chano poniéndole la mano en la cabeza le dijo. ¡Niño tú vas a ser grande! Para él significó mucho. Años más tarde,  tocó con él durante unos carnavales  en la comparsa de Los Dandys de Belén, por  todo el Paseo del Prado, desde Malecón hasta Monte.

Con solo 18 años de edad, junto a sus primos (hijos de Dionisio) fundó la orquesta, Estrellas Nacientes en la cual ya pudo desempeñarse como tumbador y en la sociedad güinera La Bella Unión para negros.   Esteban (Papito)  primo de Tata y uno de los integrantes de la orquesta,  años después  formó parte de la escuchado grupo Siglo XX. En el conjunto de Arsenio Rodríguez (El Ciego Maravilloso), tuvo la oportunidad de sustituir al tumbador  por unos meses,  después tocó en las Orquestas Típica Montoro, en la Jazz Band Swing Casino de Rafael Sorí  y en el Conjunto Los Criollitos.  Por aquellos tiempos, llegó a La Habana y, durante un período, vivió en el barrio marginal de Las Yaguas. Casi todos los músicos eran del campo. Para buscarse el orégano (dinero) como él decía, tocaba en los carnavales habaneros por largas horas con su tumbadora a cuestas y en ocasiones también cantaba. Participó como solista en cabarets, casinos y clubes nocturnos.  Los primeros conjuntos campesinos que integró fueron el de Guillermo Portabales y el de Nueva América de Pao Domini. Formó parte en distintos períodos de su carrera en agrupaciones como los Jóvenes del Cayo, la Sonora  Matancera, orquestas típicas como la de Belisario López, el conjunto Camacho, Arcaño y sus Maravillas,  Fajardo y sus Estrellas, Havana Sport, Unión, Maraca, Los Amigos de Frank Emilio y la orquesta Benny Moré.  También tocó en las academias de baile Marte y Belona y Habana Sport y en las emisoras radiales La Voz del Aire y  Radio Mambí.

Cada 4 de diciembre Tata venía, dice Yeya.  Mi madre lo esperaba ansiosamente, la noche antes ni dormía. Cuando llegaba, siempre jaraneando, ella se jactaba de alegría y a las pocas horas se formaba la fiesta cerca de la capilla de la santa.  Así fue  hasta que nuestra madre fallece, fue un duro golpe para todos.  Después cada uno cogió su camino y la familia fue multiplicándose.  Tata fue creciendo profesionalmente y cada vez que venía para Güines, me avisaba por teléfono y se quedaba en mi casa. Yo lo trataba como si fuese otro hijo más, compartíamos y hablábamos de muchas cosas, también con otros familiares que él mismo llamaba. Nunca dijo mi nombre, siempre me llamaba por el de nuestra madre. Tocaba rumba en cualquier mueble de la casa, hasta que un día me rompió la mesa del comedor y asustado me dijo al ver mi cara,  “María de los Ángeles, después yo te compro una”. Así me hizo unos cuantos estragos. Sus uñas y manos eran tan fuertes y rápidas que le sacaba candela a todo. Estando él en mi casa, Rafael Lay y Diego El Cigala lo llamaban por teléfono y yo también hablaba con ellos,  tenían muy buenas relaciones. Lo del apellido fue una locura. Una vez los papeles de inscripción de nacimiento se perdieron y tuvimos que volver a inscribirnos.  Tata era un poco loco y se puso los apellidos al revés, así se quedó.

Mi tío era increíble, nos cuenta Luciano Martínez Alejo (sobrino) quien vivió con Tata en su casa de La Habana durante seis años. Un hombre como otro cualquiera, con defectos y virtudes pero un as en su profesión y un enamorado de la vida.  Recuerdo que se ponía  a imitar con sus uñas,  los sonidos que originaban las lavanderas en la época de la República, aquello había que oírlo. ¡Las inventaba en el aire!  Una vez, disfrutando de un ballet flamenco protagonizado por Alicia Alonso y Antonio Gades, le pregunta a Alicia  ¿quién ha visto un gallego bailando rumba? aquello causó carcajadas y Gades se la bailó al estilo español, de ahí surgió una gran amistad. Con su tumbadora acompañó a figuras de la talla de Sonia Calero, Olga Navarro, Vania Borges, Oscar de León su compadre y amigo, Celia Cruz, Caridad Cuervo, Elena Burke, Moraima Secada, Omara Portuondo, Pachito Alonso,  Ernán López Nussa, Los Papines, Frank Emilio Flynn  con quien  tocó  en las congas en Habana Report. En la Sinfónica Nacional incursionó,  fue la primera vez que se introdujo una tumbadora en esta gigante orquesta.  Lo del apodo de Tata,  según me dijo él, fue por una prima de Arsenio que  un día ella lo escuchó tocando  y  se emocionó tanto que le gritaba ¡Tata toca, Tata toca! .y desde ese día asumió ese apodo. Lo de Güines fue por un colega de profesión que le dijo   “¿Tata, si tú eres de Güines y amas tanto a tu pueblo por qué no te llamas Tata Güines?” A partir de ese momento completó su nombre  artístico, que honró y lo llevó a cada una de sus espectaculares actuaciones  hasta los últimos días de su vida.

Mi familia considero que es musical, dice Lissette Zulueta Alejo (sobrina).  Creo que eso viene en la sangre, es como una plaga en el mejor sentido de la palabra, es  algo contagioso como la misma rumba.  Desde muy pequeña escucho que ha habido y hay varios  músicos, desde las primeras generaciones hasta las actuales. Muchos de mis primos  por ejemplo  Eduardo Rico, toca en el grupo Sierra Maestra, Oslien Borroto en Tumbao Havana , Oslendy Fernández  fue integrante del grupo Havana Club y Ángeles de la Havana, entre otros. Mi tío también mi padrino,  recuerdo que era muy alegre, le gustaba decir ¡out! por cualquier cosa, nos reíamos muchísimo.  Para él Güines, ocupaba un espacio grande, cada vez que regresaba del exterior a los pocos días estaba aquí.   Siempre celebraba sus cumpleaños en Güines. Celeida Ferrer, que fue durante varios años directora del Museo Municipal se ocupaba de esos trajines e invitaba a la familia, allí la pasábamos muy bien. Siempre noté que sentía inclinación por la figura del Apóstol, no por casualidad era el padrino de la escuela José Martí.

Vivian Menéndez Alejo (prima), nos comenta. Cuando mi primo llegaba a la casa,  iba directo para la cocina a destapar los calderos, mi madre lo regañaba y él se reía. Se querían muchísimo  y le decía mi tía la pionera, quizás porque era la única que quedaba de sus tías.

Arístides Soto, indudablemente fue muy afortunado tanto en el seno familiar, como en su vida artística.  En los años cincuenta viaja a los Estados Unidos,  Nueva York,  anteriormente había grabado las descargas No.1y No.2 con la orquesta de Chico O´Farrill. Allí en el famoso Waldorf de Astoria  tocaba con grandes del jazz. Junto a Maynard Ferguson, Frank Sinatra, Josephine Baker y hasta con los Chavales de España descargaba y en las madrugadas actuaba como solista, Deslumbrante el  espectáculo con cinco tumbadoras durante varias noches, en el escenario las hace suyas y las domina a su antojo. Con ambas manos produce la misma intensidad sonora.  La rumba del cubanito güinero se imponía y los medios estupefactos de admiración,  no paraban de entrevistarlo y le preguntaban el origen de su nombre artístico.  En  Panamá, Suiza, La Florida, Canadá, Finlandia, Venezuela hizo gala de su talento.  Europa fue para él otro escenario donde participó en la película de Brigitte Bardot  y Dios creó a la mujer.  En Colombia, en el marco del Festival Barranquijazz,  fue acreedor de  una placa especial de la ciudad.

Al triunfar la Revolución Cubana en 1959, Tata regresa a su país convertido en toda una estrella del espectáculo. Trabajó junto al Quinteto Instrumental de Música Moderna y con Israel López (Cachao) en  Descargas Cubanas. También con maestros de la talla de Chucho Valdés, Carlos del Puerto, César López y Enrique Plá.

En  1964 Tata Güines funda su primera agrupación “Los Tatagüinitos”.  Con ellos  popularizó composiciones propias como: Perico no llores más, Auxilio, Fanfarrón, Mami dame el Mantecado, No metas la mano en la Candela, entre otras Tiempo después se desintegran y no es hasta el 4 de diciembre de 2004 que por iniciativa nuevamente del maestro surge el proyecto comunitario “Patio de Tata Güines”, (segunda generación de los Tatagüinitos). Con la ayuda de Luis Pedroso Sotolongo (Sarabanda), promotor natural del lugar e infatigable en su labor, salen adelante. Juan Corbea y Marcos Humberto Padrón también apoyaron el proyecto. En el 2005 se inauguraba una Sala-Conexo en su casa natal, convertida años más tarde en Casa Museo Tata Güines, donde se muestran objetos personales del maestro: instrumentos, distinciones, diplomas, fotos y pinturas que reflejan la imagen del maestro.

En 1994 había grabado su disco Pasaporte con Miguel Angá  El Príncipe del tambor y otro gran percusionista. En ese mismo año en Dos generaciones reunidas, toca en concierto con  Angá, Poleo y Patata,  en  1997 participa en el Festival Jazz Plaza y en el Cubadisco. En el 2002 formó parte del gran concierto, Sabor y More, en el Gusmán Center de Miami  junto a Bebo Valdés,  Diego El Cigala, Lázaro Galarraga, Federico Britos, Ramsés Colón, Carlos Valdés (Patato), Alberto Palenzuela, Richard Valdés, Felo Barrio y Onelio Pérez, allí ganaron un Granmy. Con  La rumba soy yo y Cuban Odipsey, también obtuvo premios.  En  2006 recibía el Premio Nacional de Música.

Su repentina muerte  lo sorprende en horas de la madrugada del 4 de febrero de 2008 en su casa de La Habana, en el Vedado,  producto de un infarto al miocardio. La Cultura Cubana sufría una gran estocada, Los medios de comunicación nacional e internacional inmediatamente daban la  dolorosa pérdida.  Su cuerpo fue expuesto en Calzada y K, después trasladado para Güines. Miembros del partido y del gobierno, artistas y creadores,  miembros de la Uneac,  Empresas y Agencia Artísticas estuvieron en primera fila.  Hasta trajeron coronas dedicadas por Fidel y Raúl, también de Miguel Barnet.  Sergio Vitier despidió el duelo en el  Panteón de los caídos por la Patria.

El hijo ilustre de Güines, el retador de los sonidos de la naturaleza, el inmortal entre los mortales,  el fuera de serie, el manos de oro, el primero que logró poner la tumbadora en primera fila, dijo adiós a sus cueros que lloraban por no sentir el peso y el calor de su dueño.

En honor a esta emblemática figura la Casa-Museo Tata Güines es visitada cada 30 de junio por estudiantes, profesores, trabajadores de la cultura, artistas,  creadores y  todo aquel que quiera compartir y conocer sobre la vida y obra de esta figura insigne de Güines, de Cuba y del Mundo.

La Empresa de la Música ubicada en la Capital, San José de las Lajas, lleva su nombre, también la Escuela de Arte en Bejucal.

Fuentes consultadas: Revista Música Cubana. Publicación de la UNEAC, 2002. Artículo Las recias uñas del tumbador de Güines.

Tata Güines: de La Tropical al Palladium, 2007

Testimonios de familiares de Tata Güines.

Él, con sus uñas, yemas,  dedos  y manos construye una orquesta de timbre que sobrepasa el papel esquemático de la percusión y del ritmo”

                                                            Leo Brouwer

Por Elizabeth Pérez Zangronis

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