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Tecnologías y distracciones al conducir

Distracción

En este mundo donde vivimos la era de la tecnología digital, cada vez somos más los usuarios de estos recursos que desarrollan a paso agigantado grandes empresas ligadas a las comunicaciones. Teléfonos celulares, tablets, relojes táctiles, mini reproductores DVD para el interior de los vehículos, son algunos de los ejemplos más cercanos a nuestro entorno.

Son ergonómicos, que en la ingeniería quiere decir armónicos y coordinados, confortables y diseñados para la comodidad suprema de los seres humanos. Sin embargo, por su uso continuo y necesario, los celulares han sido últimamente la causa de numerosos accidentes de tránsito a nivel mundial.

Hace poco leí que en los Estados Unidos se valora la posibilidad en algunos estados como New Jersey y New York de implantar una ley que permitirá multar severamente a conductores que incurran en estas infracciones. De aprobarse, este proyecto de ley prohibiría cualquier actividad no relacionada con la conducción de un vehículo que interfiera con la seguridad de manejar en una calle o carretera pública, incluso tomar café, agua, fumar o maquillarse al volante, textear o hablar sin el dispositivo manos libres, con multas de hasta 600.00 dólares o la suspensión de licencias por 90 días. Un buen ejemplo, al tenerse en cuenta que solo en New Jersey, durante 2014, las estadísticas de la División de Seguridad de las Autopistas registraron 3179 accidentes fatales a consecuencia de distracciones de este tipo.

Cuba no está exenta, a propósito de la avalancha tecnológica que se ha originado desde hace pocos años. Se sabe que los índices de accidentalidad han aumentado en la Mayor de las Antillas notablemente desde el 2000, con la revolución de los dispositivos táctiles. Muchas veces somos testigos de peatones casi hipnotizados con su celular cruzando una peligrosa calle, o filas enteras de estudiantes entreteniéndose con las infinitas bondades de los juegos y demás aplicaciones androides, pero caminando sin mirar hacia adelante. Basta con que  chofer o transeúnte se distraigan con una llamada o texteando para que suceda lo peor. Nunca está de más recordarles a conductores la responsabilidad suprema que poseen, tanto por sus vidas como por las de los demás.

Por Ernesto M. Sarduy Lorenzo

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