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Quintela: Un estadio entre las manos

18136051_1878416499063855_968963273_nNo pocas instituciones deportivas surgieron por iniciativa popular, generando un movimiento indetenible de aficionados, deportistas y promotores que despertaron en su comunidad una verdadera pasión. Ello no solo dio a luz campeones y competencias memorables, sino academias y estadios que acogieron a varias generaciones.

Armando Quintero Colón, Quintela (Bejucal,  21 de febrero de 1918 – 11 de octubre de 1998), fue uno de esos medallistas de la voluntad y campeón de una enaltecedora obra humana: ser feliz con la felicidad de los demás.

Su vocación por el Béisbol lo alistó desde adolescente en diversos equipos locales y habaneros. Aquella época en que  nada estimulaba el ascenso deportivo, pero Quintela era un excelente primera base y hoy se le recuerda como Gloria Deportiva. Laboró en el sector del transporte por más de 50 años. Militó el Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba (PURSC) y posteriormente el PCC. Incontables diplomas y reconocimientos avalaron su aporte a la defensa, el Poder Popular, las microbrigadas de construcción, la zafra y el deporte, entre ellos del Comité Organizador de los XIV Juegos Centroamericanos y del Caribe (Habana, 1982) y la Medalla José María Pérez Capote, del Sindicato Nacional de Trabajadores del Transporte (1992).

Sin embargo, su mejor temporada la desempeñó al construir un estadio para Bejucal. Entusiasmados con la idea, muchos se les sumaron a sus extensas jornadas de trabajo voluntario.

18155336_1878416555730516_2136945328_nAllí había un improvisado terreno donde practicaban Béisbol los aficionados del patio, pero carecía de condiciones y parámetros oficiales. Hoy, es el estadio municipal 14 de Junio. Al inaugurarse contó con gradas para más de 2 400 personas, vestidores, baños, almacén, dogouts, cabinas de anotadores y locutores y hasta cafetería. La cerca de peerles alrededor de la instalación fijó la distancia de 320 pies por los jardines izquierdo y derecho, y 375 por el central. En la inauguración, Quintela fue invitado a lanzar la primera bola ante la preselección del equipo Cuba de Béisbol (*).

No conforme, Quintela emprendió la construcción de la cocina-comedor de la escuela primaria Ciro Redondo y en áreas de la escuela La Edad de Oro (hoy de enseñanza Especial), ayudó a construir otro estadio para los niños y adolescentes de Bejucal, que llegó a ser una joya y orgullo de todos, gracias al cuidado del legendario promotor deportivo Rafael Dominig, atleta y entrenador de campo y pista.

Hoy, ese campo de Béisbol juvenil vive la peor suerte. Abandono y desidia lo han convertido en sitio de pastoreo de ganado, su cerca perimetral y muros exteriores son depredados sistemáticamente, y hasta le han quitado espacio algunos vecinos para acciones ilegales. Tampoco el estadio municipal -que forma parte de un complejo deportivo proyectado después-, refleja aquel espíritu de consagración y cuidado que le dio vida.

El vandalismo, la indisciplina e ignorancia, no solo destruyen una instalación creada por las manos del pueblo, también lastiman su espíritu, sus mejores sentimientos.  Esas son palabras mayores.

 

 Por Omar F. Mauri

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