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Que no se las lleve el viento

17888696_1871257686446403_2064160779_nEl patrimonio en la provincia volvió a ser tema recurrente, esta vez en el balance del trabajo realizado por la Filial de la Unión de Historiadores de Cuba en Mayabeque.

Entre los muchos temas este, por suerte, no quedó al margen de los debates. Nunca antes había visto la misma preocupación que tengo desde hace tiempo sin apreciar acciones concretas, mucho menos efectivas para detener el deterioro y en no pocos casos la pérdida de monumentos, sitios y objetos patrimoniales.

Sin embargo, en mi opinión, las proyecciones en el encuentro para actuar contra tal situación fueron insuficientes. Una de las intervencionesmás concisas y claras fue la de Lázaro Hernández Hernández, quien expresó que anda mal yrequiere de acciones urgentes. También señaló: “En las comisiones responsabilizadas con el patrimonio existe conciencia de la necesidad de cuidarlo para las presentes y futuras generaciones. Por tanto hacen falta decisiones”.

Y tiene toda la razón. En comentarios anteriores abordé el asunto sin que, hasta el momento, haya percibido reacción alguna. Mientras tanto lugares emblemáticos, como la antigua cárcel de Bejucal, el cuartel, la antigua cárcel de mujeres y Alejandría en Güines; el tanque del agua y los barracones del Batey Camilo Cienfuegos en Santa Cruz del Norte, entre otros, pueden desaparecer ante la falta de proyectos de conservación, conciencia del problema e intenciones serias para su rescate.

Se dijeron, además, otras cosas que deben hacer reflexionar al respecto: “la historia acompaña a la Revolución, el legado debe protegerse y en algunos lugares se destroza; es preciso no derribar otra pared o sitio histórico”.

Pero hay más ejemplos que avalan el calificativo de “anda mal”. El hotel Dos Hermanas en Batabanó, la casa consistorial donde también estuvo el cuartel de bomberos en la época colonial en San José de las Lajas y el otrora cuartel español en San Nicolás, ya no existen. Las consecuencias de ello apuntan hacia la reducción drástica de la necesidad de enseñar la historia material a los niños, adolescentes y jóvenes. Hay igualmente lugares históricos cuyas fachadas se transforman y no pasa nada.

Volviendo al balance de los historiadores de Mayabeque, se manifestó algo que ya antes había sugerido para revertir la situación. En primer lugar tomar conciencia del problema, hacer un levantamiento a fondo del patrimonio histórico de la provincia y asumir el trabajo de conservación y rescate.

Para facilitar todo eso hay una ventana abierta en el orden financiero que es el 1% de la contribución de las empresas de cada municipio. Si se utiliza para restaurar centros gastronómicos, de servicios, construir conductoras de agua y la compra de medios necesarios, etc ¿por qué no aprovecharlo igualmente con tal fin?

Soy optimista. Por eso prefiero pensar que las palabras, esta vez, no se las llevará el viento.

Por Reinaldo Fuentes Rodríguez

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