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Del idioma

lenguaje2Existen en la sociedad transformaciones inevitables por la propia dinámica que entraña el convivir relacionándonos unos con otros, y con el entorno. La lengua es un fenómeno en constante metamorfosis. Es un hecho vivo, que nace, desarrolla, crece, pero también sufre en detrimento en ocasiones. Es ilógico pretender instaurar una norma de habla en un espacio social donde sus miembros, por el contexto, los orígenes y otros factores, han aprendido formas de comunicación comunes. Pero si podemos corregir, domesticar y contribuir a evitar que palabras o frases indignas manchen nuestro idioma o constituyan el puente roto de una comunicación.

Últimamente palabras separadas de su significación original son usadas contextualmente y adquieren, así, otra dimensión, casi siempre peyorativa. El uso de loco, bandida, punto, dichavao, o de expresiones como matar jugada, la historia es, la jugada está apretada, está escapado, no me descargues fula, te cogió la rueda, entre otras, son ejemplos preclaros de la irreverencia al Español. Algunas más fuertes que otras, algunas menos hirientes que otras, sin embargo todas son un lastre penoso que tiende a empañar la imagen o el porte personal de quienes las utilizan. Y aunque a veces fluya la comunicación y el mensaje entre sus interlocutores que dominan ese registro o esos códigos, lo cierto es que fuera del ambiente, agreden otros espacios comunicativos donde, ocasionalmente, quedan en el aire al no ser correctamente interpretadas.

El problema radica en que ya existen en muchos contextos y son como préstamos generacionales, alcanzan, incluso, cierta competencia lingüística y aún cuando no lleguen a convertirse jamás en neologismos, persisten en el vocabulario de muchos, en las letras del reggaetón mas pésimo y suburbano -no todo el reggaetón es malo-. Punto, por ejemplo, es utilizado para definir a una persona -y más a la mujer-  de la peor manera; se le adjudica despectivamente a alguien céntrico a quien han cosificado, alguien carente de prestigio o irónicamente reconocido por sus conductas antisociales, o en ocasiones simplemente a un sujeto común y sin defectos cuya sencillez . Dichavao alude a una total pérdida de valores y se refiere a quienes se les descubre otra personalidad o perdieron determinada autoridad social o moral. El mío o consorte, corresponden a una construcción sintáctica que pretende mostrar cercanía, errada por demás al saberse que en otro registro consorte se le considera a la esposa o al esposo.

Los ejemplos sobran. Lo importante es corregir esos modos esos modos de habla, participar en el diálogo usando como arma ese otro registro nuestro, convencional, unitario, que hace posible entendernos con las mismas palabras en el mismo idioma.

Por Ernesto Sarduy

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