twiter

Mucho ruido y pocas acciones

web molestia-ruido-

 

Hace unos días, mientras seguía atento la Mesa Redonda dedicada a la contaminación sonora, vino a mi mente la Plaza Cultural de la Micro, en San José de las Lajas. ¡Caramba, allí se viola impunemente la ley que regula el sonido en lugares públicos! Pensé.

Uno de los panelistas explicó las labores que ejecuta el Ministerio de Ciencia Tecnología y Medio Ambiente (Citma) para atenuar el impacto de este problema e informó acerca de las acciones más recientes para erradicarlo en Cuba, en el marco de la comisión higiénico-sanitaria y de calidad ambiental.

Según el Ingeniero Jorge Álvarez Álvarez, Director de la Oficina de Regulación Ambiental y Seguridad Nuclear (Orasen), “se creó un grupo de trabajo nacional presidido por la ministra del Citma e integrado por todos los órganos reguladores y aquellos organismos con incidencia en la contaminación sonora por las actividades recreativas o de carácter tecnológico que desempeñan. Esta comisión también la integra el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social que rige las políticas del sector no estatal y las organizaciones de masas”.

Entonces surgieron algunas preguntas que deben tener respuestas. ¿Acaso el volumen excesivo es controlado por alguien? ¿Conocen los operadores de sonido esas regulaciones? ¿Por qué la música se mantiene a altos decibeles desde la tarde hasta el mismísimo comienzo del espectáculo, a las 11 y más de la noche? ¿No se dan cuenta del daño que ello ocasiona al ser humano?

Al adentrarme en el tema conocí alarmado los nocivos efectos de la contaminación sonora. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) el oído humano admite 55 decibeles sin ningún daño a su salud y, dependiendo del tiempo de exposición, ruidos mayores a los 60 decibeles pueden provocarnos malestares físicos. El dolor de cabeza es uno de ellos, además de taquicardias, agitación en la respiración y parpadeos acelerados. También los músculos se pueden poner tensos.

Pero si una persona se expone durante mucho tiempo a más de 85 decibeles puede, incluso, correr riesgos cardiovasculares. También es posible que se registren incrementos de los niveles de colesterol, triglicéridos y glucosa en la sangre.  Aseguran además que no se deben permitir niveles superiores a los 91 decibeles durante más de dos horas en un día. Y si se superan los 110 decibeles, no es tolerable para la salud estar expuesto a ese nivel de ruido por más de un minuto y 29 segundos al día.

¿Sabrán esto los operadores de sonido que trabajan en los sistemáticos espectáculos organizados en la Plaza de la Micro de la capital provincial y los responsables de controlar la adecuada cantidad de decibeles? Perece que no. Aunque no solo allí pasa.

Y mientras se responden estas interrogantes (ojalá no demoren mucho) la gente en esa zona densamente poblada y a mucha más distancia sufre el incumplimiento de la ley que establece las regulaciones sonoras.

Una respuesta a Mucho ruido y pocas acciones

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Más visto
Más recomendado
Más comentado
  • Anuncian empresas empleadoras para Zona Especial Mariel (37)
  • Spirulina: Made in Mayabeque (13)
  • Antivalores: reto constante (10)
  • LO ÚLTIMO DE: