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Hablemos de Promoción Cultural

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Si bien es algo cierta la frase tan cubana brotada de un personaje humorístico que dice: La cultura no tiene momento fijo, es porque realmente a todo lo que llamamos cultura constituye un genuino modo de expresión de quiénes somos en el marco de cualquier medio o espacio donde se fomente.

La cultura es reflejo, en parte, de cuánta costumbre, tradición y arte culta o popular son capaces de seducir a un público diverso, heterogéneo, necesitado de disfrutar y conocer tentativamente cualquier oferta que haya sido diseñada como un producto cultural.

Los especialistas coinciden que todo proceso en este sentido lleva implícito, independientemente de las circunstancias en que se geste, precisos ingredientes para su adecuada asimilación. Sin embargo, en el caso de instituciones de Mayabeque donde la misión social consiste en ofrecer un producto artístico-cultural, la fórmula del éxito radica en dos factores: calidad y promoción.

medios-de-comunicación-260x300Promoción, público y medios

La promoción, término tan ligado al Marketing, es una etapa primordial en el difícil camino diario de divulgar la cultura. Es importante concientizar que en nuestras instituciones mayabequenses un número de actividades no siempre logran cumplir sus expectativas, a pesar de ser diseñadas con la calidad y el equilibrio necesarios, porque el factor promoción es el culpable. Es relevante la labor promocional antes y durante las actividades, no solo porque garantiza mayor afluencia de público a estas, sino además porque crea así el precedente para otras similares donde no faltarán los que conformarán su público fiel.

La promoción cultural necesita cualquiera de los soportes habituales, desde radio y televisión, prensa plana (impresa o digital), sitios electrónicos y redes sociales, hasta esas plataformas o medios menos convencionales como invitaciones personales (orales o escritas), anuncios en carteleras, plegables y volantes. Y en este caso de los anuncios y carteleras que dan publicidad cultural, tres ingredientes son esenciales: 1ro: Originalidad (que se traduce en creatividad a la hora de transcribir o imprimir por escrito la promoción), 2do: Visibilidad (de manera que aparezcan con claridad en lugares visibles y céntricos, para que sea recurrente y asimilado por todo tipo de público y, en especial, por los más interesados) y 3ro: Precisión (que implica transcribir claramente fecha, hora y lugar a efectuarse).

Una vez más el fin no justifica los medios…   

La finalidad que se persigue a través de una correcta promoción antes y durante el desarrollo de actividades culturales  se sustenta en la asistencia, deleite y entretenimiento de los interesados en participar; pero el saber crear correctos patrones que permitan incentivar la motivación y despertar intereses en un público no descansa absolutamente en el tipo de soporte o medio del que se valen los promotores. A veces un papel impreso en blanco y negro convence más, por su sugerencia atractiva, que convocatorias radiadas una y otra vez hasta el cansancio. No niego que los medios de comunicación masiva son herramienta idónea; sin embargo, la meta verdadera en la promoción deberá estar centrada en esa conducta convincente, seductora e incitadora de su razón de ser. No se trata de volvernos recurrentes, imperativos o empeñados; se trata de promover un producto cultural que, a la altura merecida, permita atrapar desde su primer anuncio, el interés del público receptor.

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Calidad, que genera éxito

La masividad en algunas actividades es un indicador de la labor promocional. No obstante, también es válido tener en cuenta algo: la masificación de la cultura no debe verse como un acto aislado sino integrador, aunque ello no implica que para cada espacio cultural se deba convocar a un público exagerado en cantidad, solo para destacar la relevancia de la oferta a partir de una multitudinaria asistencia.

El éxito, para los promotores y ejecutores de un espacio cultural se logra en la misma medida en que sus asistentes hayan logrado sentirse identificados durante su desarrollo, tras el acto voluntario y responsable de participar para satisfacer sus demandas.

Por otra parte, aspectos como la identificación con el entorno inmediato, la correspondencia de objetivos de trabajo con políticas culturales y con los Programas especiales, el trabajo arduo en los Consejos Populares, el análisis y seguimiento de los diagnósticos socioculturales, la investigación, la realización de sondeos de opinión y de  estudios de usuarios, el asesoramiento con otros organismos y especialistas, así como el tipo de público, grupo etario o segmento poblacional a quienes dedicamos un espacio en nuestras instituciones culturales de Mayabeque son elementos que, de igual modo, repercuten en su éxito.

 

Por Ernesto M. Sarduy Lorenzo

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