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¿Me escuchas?

10484641_copia_jpg_520_360Como quien hace un viaje del placer al priapismo,
Viven cuerpos audifonados cerrándose en sí mismos.

Buena Fe

 

Sí, también han tenido que vocear mi nombre a todo pulmón o apelar a cualquier tipo de muecas y hasta a señales de humo para llamar mi atención  mientras, sentada en la oficina, estoy enchufada a los audífonos.

A veces disfrutando melodías, otras, retomando las palabras de algún entrevistado; pero siempre atrapada entre los sonidos que se generan desde los auriculares, pues estos dispositivos ya son parte casi inseparable de las actividades cotidianas.

En cabinas de radio, para individualizar, propiciar comodidad y privacidad durante el consumo de los temas musicales de nuestra preferencia, como aliados del DJ  en una disco, protegiendo del excesivo ruido a operarios de maquinarias y equipos, e incluso, para aislarnos del ambiente cuando nos sentimos presionados; son algunas de las ventajas que reporta utilizar audífonos, pero el asunto no acaba aquí.

Según cifras recientes de la Organización Mundial de la Salud (OMS) alrededor de 43 millones de jóvenes, con edades entre 12 y 35 años, presentan discapacidades auditivas y, además, más de 100 mil millones presentan riesgo de sufrir pérdidas en la audición por causa de prácticas inseguras de escucha.

A raíz de estas cifras se activa una primera alerta: los daños a la salud. Los especialistas subrayan que los perjuicios al oído, catalogados como irreversibles, van desde las infecciones, acelerar fallas auditivas, provocar hipoacusia y afectar el oído interno, hasta la sordera. Todo ello se deriva del empleo de los auriculares durante un tiempo prolongado o también en breves períodos con un volumen alto.

Entre las sugerencias para prevenir los padecimientos aludidos se cuentan: no emplear los audífonos mientras se practican deportes, utilizar dispositivos grandes, pues así el sonido incide con menor intensidad en el oído; poner el volumen a menos de la mitad de la capacidad total; así como limitar la frecuencia de exposición a no más de 2 horas diarias.

En el otro extremo del problema están los incomunicados: aquellos que no oyen si les hablan, quienes no pueden atender a las señales que les rodean, los distraídos y enajenados.

¿Cuántas veces escuchamos sobre accidentes del tránsito cuya víctima era algún caminante absorto en las melodías de su celular? Sucede que, mientras los sonidos nos atrapan, el resto de los sentidos se priva, se desvía la atención hacia la vía pública y reduce la capacidad de captar las señales ambientales.

¿Ha sentido que le ignoran? ¿Ha visto a chicos que lucen enajenados mientras llevan auriculares? Es muy posible que sí. Además,  permanecer horas enteras atados a los reproductores entorpece la comunicación entre amigos, parejas, familias; aleja a las personas de su contexto y genera malentendidos en sitios públicos como colas, medios de transporte u oficinas, entre otros inconvenientes.

Momento entonces para poner pausa a la música, destaparnos los oídos y reflexionar: no hay razones para satanizar a los audífonos siempre que seamos lo suficientemente responsables al utilizarlos, podemos deleitarnos con cualquier canción, pero sin exponer nuestro sistema auditivo a excesivos peligros ni olvidar que  debemos permanecer conectados con el mundo terrenal.

Por Iveett Valdés Betancourt

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