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La historia tras Maya y Beque

3602010

Por Reinaldo Fuentes Rodríguez

Esta es una leyenda, como muchas otras, que venció el paso de los siglos. El tiempo, sin embargo, no pudo arrancarla de la memoria popular y llegó a nuestros días con su carga de peculiar imaginación.

Cuentan que en una hermosa y extensa planicie cierta pareja de aborígenes vivía su romance bajo el encanto de las aves, el verdor de la rica vegetación y el andar imponente de dos fabulosos ríos.

No se sabe a ciencia cierta sus nombres; una de las versiones menciona a Guani u Oni indistintamente y su prometida Cajina, a quien también conocieron como Cajinal. Hay quienes aseguran que se trata de la bella Maya y el joven Beque.

Según la leyenda —hace cientos de años antes de la llegada de los europeos a la Isla—, ambos disfrutaban los placeres de la flora y el baño en las aguas de aquellos ríos, en las comarcas de Catalina y Güines.

 Ante tal regalo de la Naturaleza, uno de ellos preguntó un día acerca del secreto del rico verdor de aquellos campos y el otro le explicó que se debía a que muchas veces los dos ríos desbordaban sus aguas para anegar las tierras.

Según aseguran, Maya y Beque decidieron enlazar los dos ríos y también sus vidas, en señal de amor para toda la eternidad. Así explica la leyenda el surgimiento del río Mayabeque, que también da nombre el extenso valle por donde viaja incesantemente desde entonces.

 CULEBRA EN JARUCO

Lo que no cuenta la leyenda es que el nacimiento del nuevo río está en las lomas que se levantan al Sur de la Ciudad Condal de Jaruco. De allí desciende el caudal de agua dulce con el nombre de Arroyo Culebra que, muy cerca de Catalina, se une con el ojo de agua de igual nombre, para entrar en la llanura de Güines, donde se multiplica (tanto de manera natural como artificial) en multitud de brazos y zanjas que riegan el fértil territorio.

El nombre de Güines se adoptó porque muchos de esos brazos atraviesan la villa; y ya en terrenos del hato de San Pedro de Mayabeque, adquiere este último toponímico con el cual desagua en la costa meridional del Golfo de Batabanó, formando allí un amplio puerto de tercera clase.

Según descripciones geográficas hechas durante la colonia, el río recibe numerosos afluentes que corren por las vertientes meridionales de las alturas de Camoa, siguen al Norte por las sierras de Jaruco y se unen al Oeste con las de Madruga, dejando entre sí una vasta llanura llamada Bainoa.

En esa etapa histórica se creó un proyecto dedicado a la construcción de un canal, cuyo costo inicial ascendía al millón

200 000 pesos fuertes y tenía como finalidad la de entroncar las aguas del río Mayabeque con el de La Chorrera, y facilitar así la transportación de azúcar, tabaco, maderas, frutos y otros productos.

Pero no fue hasta noviembre de 1795 que la Real Junta de Fomento y Navegación, a petición de Francisco de Arango y Parreño, inició un expediente para ejecutar el abandonado proyecto. Finalmente, en 1796, se aprueba la construcción del Canal de Los Güines, que enlazaría ese territorio con la Capital.

Un año después se dispuso que el Conde de Mompox y Jaruco y el Príncipe de la Paz, se pusieran de acuerdo para presupuestar la obra, cuyo costo ascendía entonces al millón y medio de pesos fuertes.

Pero en definitiva los proyectos no tomaron importancia, pues las aguas mayabequenses eran imprescindibles para mover el enorme collar de ingenios existentes en el extenso valle.

 PRIMERO EN EL SUR

 Se calcula que entre 1514 y 1515, tras la conquista y colonización, en la costa de aquel rico territorio sureño se estableció la Villa de San Cristóbal de La Habana. Estaba en un sitio relativamente cercano a la desembocadura del río Güinicagina u Onicaginal (Mayabeque), trasladada al Norte en 1519.

Desde allí partieron los colonizadores hacia la conquista de Yucatán, México, Centro y Sur América, dando inicio a una lenta fusión de aborígenes con peninsulares en esas civilizaciones.

Por tanto, San Cristóbal de La Habana se fundó al Sur favorecida por la desembocadura y estuario del río más importante de la zona, cuya estructura daba buen resguardo a las embarcaciones. También debido a las fértiles tierras, el clima, la existencia de mano de obra aborigen y las abundantes aguas de afluentes y efluentes, entre otras ventajas.

LAS TRADICIONES

 Con el decursar de los años surgen asentamientos, que crecen demográfica y culturalmente. Aparecen las tradiciones que legan unas generaciones a otras con sus valores, creencias, costumbres y formas de expresión artística propias.

También lugares que trascienden y se fijan en el acervo cultural de los municipios de la nueva provincia de Mayabeque. El ingenio Alejandría, en Güines; las lomas de Camoa, en San José de las Lajas; el encendido de las farolas y cambio de la guardia en la antigua Plaza de Armas de Jaruco; el Moyete, plato típico de Melena del Sur; el árbol del Copey en Madruga y las Charangas de Bejucal, son algunos de los símbolos más notables de este territorio.

 Todo eso, y más, dan una identidad propia, que va más allá de cualquier criterio personal. Identidad que ha trascendido en el tiempo, por obra y gracia de muchas generaciones, incluyendo la actual, encargada de fomentarla para la posteridad.

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